Esperar puede ser un reto para las personas con autismo, a menudo por la necesidad de estructura y la dificultad para afrontar lo imprevisible. El concepto del tiempo y la incertidumbre sobre cuánto durará la espera pueden provocar estrés. Los estímulos sensoriales en las salas de espera, como los ruidos o la iluminación, también pueden resultar abrumadores.
Ofrecer información clara sobre el tiempo de espera, crear un entorno tranquilo y proporcionar distracciones o herramientas para hacer más llevadera la espera contribuyen a que las personas con autismo vivan la espera de forma más cómoda.